El tiempo y la memoria

Moisés Simons

Por José Manuel García Suárez

Este 28 de junio se cumplieron sesenta y tres años del fallecimiento en Madrid de Moisés Simons, músico de exquisita formación académica, que se desempeñó exitosamente como pianista concertista, director de orquesta, y compositor, creando un amplio catálogo de obras de diversos géneros, aunque curiosamente su inmortalidad la debe a El manisero, un pregón que casi desde su creación en 1928, logró convertirse en una de las principales cartas credenciales de la música cubana.

Nació en el barrio habanero de Jesús María, el 24 de agosto de 1889, y ya a los cinco años se encontraba estudiando piano con su padre, Leandro Simons, con el que también estudió Eliseo Grenet, adquiriendo los conocimientos necesarios para con nueve años desempeñarse como organista en la iglesia de su barrio natal, luego de lo cual llegó a ser Maestro de Capilla de la iglesia de Nuestra Señora del Pilar.

A los quince años realizó estudios académicos de música, contando con excelentes profesores como Ignacio Tellería, Fernando Carnicer, Felipe Palau y José Mauri; y poco después se encontraba dirigiendo orquestas para espectáculos de variedades, zarzuelas y operetas en los teatros Martí y Payret.

Llevó a cabo investigaciones acerca del folclor cubano y escribió varios artículos sobre música que fueron publicados en periódicos como La Lucha y el Diario de la Marina, además de desempeñar otras funciones como la de presidente de la organización Solidaridad Musical, una especie de sindicato en defensa de los intereses de los músicos.

Como compositor abordó un amplio espectro que va desde el sinfonismo, con caprichos, ballet, zarzuelas y revistas, hasta la canción para voz y piano. Específicamente El manisero, se dice que fue una obra compuesta por encargo con el simple objetivo de separar dos escenas dentro de un espectáculo sobre música cubana que se iba a estrenar en Madrid, y cuentan las anécdotas que fue escrita originalmente en una servilleta de papel sobre una de las mesas de una cafetería situada en la intersección de las calles San José y Amistad.

Rita Montaner, que ya había interpretado con anterioridad varias obras de Moisés Simons, tuvo a su cargo el estreno, y la grabó para el sello Columbia, convirtiéndola muy pronto en todo un hit imprescindible en cada una de sus presentaciones. No obstante fue Antonio Machín quien hizo de este tema un éxito internacional, luego de grabarlo junto a la orquesta de Don Aspiazu para la RCA Victor el 13 de mayo de 1930, superando el millón de copias vendidas, en lo que se considera el primer boom discográfico de la música cubana.

Aunque orgulloso de su pregón, Moisés Simons optó por mantenerse fiel al género lírico, obteniendo significativos reconocimiento con las puestas de sus operetas en importantes plazas como Nueva York, Madrid y París. En tanto El manisero, continuó inspirando versiones en los más diversos estilos y conservando hasta hoy su frescura, a pesar de ser ya un pregón octogenario.


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